lunes, 28 de julio de 2014

És l'hora, pare

A menudo he odiado la poesía, todavía la odio a veces. Me pone enfermo, me da urticaria, logra hacerme sentir incómodo, traidor, cínico, cruel. Sin embargo, como sucede con tantas adicciones, la necesito, la busco, interpreto el mundo a través de su poder antiguo, incapaz de renunciar a ella.

Porque sucede que a veces, muy pocas veces, algunos poemas inesperados se cruzan en mi camino y recupero la sed de verdad que tenía a los catorce o quince años, aquel placer al sentirme saciado sin esperarlo, aquellas epifanías, aquel sólido y rotundo sentimiento de comunión.

Hoy he leído poemas así y, tras el estremecimiento y la profunda emoción, lo primero que he sentido ha sido agradecimiento: los poemas de Eponelep se han llevado de un plumazo toda la hojarasca dejando el hueso al descubierto. Ah, sí, esto era la poesía, iba de esto. Gracias por recordármelo, Silvia, aunque haya sido a un precio tan caro.

És l'hora, pare

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