Mi sensación al despertar de la siesta es la de haber estado durmiendo durante muchos años, como en aquel cuento donde un hombre se tumbaba a dormir bajo un árbol y al despertar lo rodeaban antiguas raíces y descubría que en su pelo habían anidado los pájaros.
lunes, 24 de febrero de 2014
sábado, 22 de febrero de 2014
Halcón milenario
De regreso por la autovía desierta el cielo está cuajado de estrellas: miles, millones de estrellas. Las luces verdes del cuadro de instrumentos de mi veterana Picasso son en realidad las luces verdes de una nave espacial, una máquina del tiempo, mi halcón milenario. Cambio y cierro.
Publicado por Jesús Miramón a las 2:19
jueves, 20 de febrero de 2014
El sol que brillaba aquella mañana
A mí, cuando escucho música, me sucede algo que imagino le sucede también a muchísima gente: pienso en el ser humano que la escribió, y cuando digo ser humano quiero decir la edad a la que murió, su biografía, su condición carnal en este mundo. Así, y reconozco que puede ser injusto hacia la ambición inmortal de su obra, cuando escucho cualquier obra de Mozart, por ejemplo, siempre siento un fondo de pena por su temprana muerte, tan arruinado que tuvo que ser enterrado en una fosa común, y si esto me ocurre con Mozart, que musicalmente es, salvo maravillosas excepciones, la viva esencia de la alegría del amor y el gozo de la existencia, ¿qué no me sucederá si escucho a Pergolesi o a Beethoven? El primero, autor de un Stabat Mater absolutamente maravilloso, murió a los veintiséis años, y el segundo, uno de los más grandes músicos que han existido en este mundo, falleció a los cincuenta y seis sordo, profundamente deprimido, cirrótico y probablemente envenenado por el plomo que contenía el material de los vasos que utilizaba para beber. Cuando escucho su Missa Solemnis o la inmensa Novena no puedo olvidar todo eso.
Fueron seres humanos, vivieron en este planeta, sufrieron modas, enfermedades, guerras, cambios políticos, intereses espurios, nobleza, tristeza, belleza, amor, alegría, muerte. Su música es el fruto de una química idéntica a la nuestra. Las tiernas cartas de Mozart a Constanze, el estremecedor testamento de Beethoven, el listado de posesiones de Bach tras su fallecimiento a la provecta edad de sesenta y cinco años después de una vida en la que vio morir una primera esposa y once hijos... todos esos datos hacen que cuando escucho su música viaje a través de los siglos hasta alcanzar, además de la belleza, cierta verdad profunda relativa a nuestra naturaleza.
Guardo una fotografía de Bach que en los últimos años ha ido pasando de ordenador en ordenador, copia de seguridad tras copia de seguridad: es su cráneo, la calavera del ser humano que compuso, entre miles de piezas maravillosas, la Pasión según San Mateo, una obra que, en forma de pequeño fragmento, viaja a través del cosmos en un disco dentro de la sonda Voyager 1, un objeto lanzado al espacio en 1977 que a mediados de diciembre de 2012 salió de los límites de nuestro sistema solar, a 18.000 millones de kilómetros de la Tierra, para adentrarse en el espacio profundo.
En una película que en su día me gustó mucho un personaje llamado Maya, camarera experta en vinos, dice en una conmovedora escena que cuando bebe un vino viejo, un vino de muchos años, no puede evitar pensar en las personas que cosecharon la uva, el sol que brillaba aquella mañana, todo el proceso de creación y maduración silenciosa en la bodega que dio lugar a esa botella que acaban de abrir. Creo que ese es el camino de la justicia y la comprensión y el gozo, en el mundo del vino, en el de la música y en el de la literatura. No puedo leer las Coplas por la muerte de su padre de Jorge Manrique sin recordar que éste murió en 1479 de un lanzazo en los riñones durante una escaramuza militar a los pies del castillo de Garcimuñoz, en la provincia de Cuenca. Finalmente también él, uno de los mejores poetas de la historia de la literatura española, fue a dar en la mar.
Publicado por Jesús Miramón a las 23:24
miércoles, 19 de febrero de 2014
Cuernos de toro
Sentado en la sala de espera de la primera consulta psiquiátrica de mi vida he pensado, naturalmente, en Tony Soprano. Después la consulta no se ha parecido en nada a las de la serie, claro, aunque, ahora que lo pienso, sí en algo importante: mi doctora hablaba poco y yo, sólo para contestar a sus preguntas y observaciones, he tenido que hablar mucho. Cincuenta minutos más tarde he salido esperanzado y optimista, con los cuernos del toro agarrados firmemente por mis manos. Los peatones con los que me cruzaba de regreso a casa miraban los cuernos de toro, me miraban a mí y mi estúpida sonrisa, y a continuación hacían como que no habían visto nada, temerosos tal vez de salir heridos. La mala noticia es que la temperatura de la noche era casi primaveral.
Publicado por Jesús Miramón a las 22:27
martes, 18 de febrero de 2014
Te conozco
Ha comenzado el partido pero el fútbol ya no me interesa como antes, cuando lo veía desde el suelo, la espalda apoyada en el sofá, mi hijo pequeño sentado en mi regazo. Recuerdo perfectamente su peso, su cabeza de pájaro apoyada en mi pecho, su sorprendente entusiasmo por un deporte que en nuestra casa nunca había suscitado el menor interés.
Y ahora escucha, Jesús Miramón, escúchame atentamente porque te voy a pedir dos cosas. Una: deja de escribir sobre el pasado, sé que te resultará casi imposible pero inténtalo, por favor, no es justo y, créeme, no es necesario. Dos: cuando te disgustes con tu hijo de ahora acuérdate de momentos como los que describes en el primer párrafo de este texto, eso es algo necesario para ver el cuadro completo pero, ojo, acuérdate sin aspavientos, sin regodeo ni nostalgia inoportuna, que te conozco.
Publicado por Jesús Miramón a las 21:44
domingo, 16 de febrero de 2014
Realismo
Y, hablando de realismo, ¿no escuchas los ladridos de los lobos marinos en las playas de guijarros negros al pie del cabo de Hornos? Hubo un tiempo en el que en su cima ardían hogueras de tribus que ya no existen. Tú, como los lejanos y casi olvidados campos y colinas, sí existes, tú todavía existes, y en medio de la tormenta recuerdas las granjas remotas, los suaves caminos que llevaban a ellas, las nubes blancas, los cielos azules.
Publicado por Jesús Miramón a las 20:46
sábado, 15 de febrero de 2014
Lo que no existe
Conduzco de regreso a casa. Los faros del coche iluminan la carretera haciendo que todo lo que queda fuera de su alcance sencillamente no exista: los campos y colinas no existen, no existen las granjas ni los caminos que llevan a ellas, no existe el sol, no existen las nubes blancas, no existen los cielos azules. Conduzco a través de la noche de regreso a casa. Me guía la esperanza.
Publicado por Jesús Miramón a las 3:00

![Innisfree [Mayo de 2004 - Mayo de 2005]](http://lh4.google.com/image/jesusmiramon/Rfl6mvdkXMI/AAAAAAAAAIQ/GeLDfT7zXZU/El-hombre-tranquilo.jpg?imgmax=144)
![Cuaderno de un hombre de cromañón [Agosto de 2005 - Enero de 2007]]( https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhCRE4eAJSut6nYUc1EYyCVc37HoOONcdUx6Fe__df3HP8Wj7jzI_hjh7a2c45TL5yhz4sJx-NaRECA_c9ewzhLf4LVMumAbSuevKgmP7I8oOAMENuEwrzgM5rtvLEvhV5jpfy1P1ERtoI/s130/Manos.jpg?imgmax=144)
![Las cinco estaciones [Marzo de 2007 - ...]](https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjHaueHHo5Cdr38j6nRpfAxD3Kyc4d7JIbz9Kw6JMqYS1tHvwq1GKsEvmgtmhw77gQi82M_a7I3-2NBIIIjp2mlaBKaUcRoSpVuvhQZTy4SfR6xP3WWkDjjLvXlHffeyfHVM5WL5l0fYm0/s130/Lascincoestaciones.png)

