martes, 18 de febrero de 2014

Te conozco

Ha comenzado el partido pero el fútbol ya no me interesa como antes, cuando lo veía desde el suelo, la espalda apoyada en el sofá, mi hijo pequeño sentado en mi regazo. Recuerdo perfectamente su peso, su cabeza de pájaro apoyada en mi pecho, su sorprendente entusiasmo por un deporte que en nuestra casa nunca había suscitado el menor interés.

Y ahora escucha, Jesús Miramón, escúchame atentamente porque te voy a pedir dos cosas. Una: deja de escribir sobre el pasado, sé que te resultará casi imposible pero inténtalo, por favor, no es justo y, créeme, no es necesario. Dos: cuando te disgustes con tu hijo de ahora acuérdate de momentos como los que describes en el primer párrafo de este texto, eso es algo necesario para ver el cuadro completo pero, ojo, acuérdate sin aspavientos, sin regodeo ni nostalgia inoportuna, que te conozco.

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