miércoles, 19 de febrero de 2014

Cuernos de toro

Sentado en la sala de espera de la primera consulta psiquiátrica de mi vida he pensado, naturalmente, en Tony Soprano. Después la consulta no se ha parecido en nada a las de la serie, claro, aunque, ahora que lo pienso, sí en algo importante: mi doctora hablaba poco y yo, sólo para contestar a sus preguntas y observaciones, he tenido que hablar mucho. Cincuenta minutos más tarde he salido esperanzado y optimista, con los cuernos del toro agarrados firmemente por mis manos. Los peatones con los que me cruzaba de regreso a casa miraban los cuernos de toro, me miraban a mí y mi estúpida sonrisa, y a continuación hacían como que no habían visto nada, temerosos tal vez de salir heridos. La mala noticia es que la temperatura de la noche era casi primaveral.

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