viernes, 12 de julio de 2013

La última frontera

Las hélices del ventilador se hacen invisibles al girar en su jaula metálica.  Me impulsan hacia adelante y, si cierro los ojos, me elevan sobre este caluroso verano de mudanzas, cajas de cartón abiertas, calor africano, una casa destripada.  Anochece perezosamente en la terraza.  Chillan los vencejos en el cielo del horno. Contemplo el ventilador y me regalo el pensamiento de un hidroavión sobrevolando las gélidas montañas de Alaska, la última frontera.

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