domingo, 24 de noviembre de 2013

Patatas

Decididamente a lo que más se parece mi cabeza es a una patata. Me quito las gafas, me aproximo un poco más al espejo del cuarto de baño y lo confirmo: mi cabeza es una gran patata de ojos pequeños, nariz de topo y barba desaliñada. Después me alejo, me pongo las gafas y, ya casi fuera del lavabo, veo en el espejo un hombre extraño, un señor al otro lado de la calle esperando el cambio de color en el semáforo, un vecino que sale del ascensor, un cliente aguardando su turno en la cola del supermercado. Si no fuese por el amor de quienes me quieren desaparecería del mundo sin siquiera darme cuenta, antes incluso de morir.

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