martes, 10 de diciembre de 2013

Pero ese día no ha llegado aún

Ayer escribí que no podía escribir, que no tenía nada más que añadir. En los comentarios contesté a mi amiga Elvira que cada día sin escribir era como una aguja clavada en mis uñas, y a Penélope (aunque ella lo escribe al revés) le dije que no sabía qué echaba más de menos, si navegar o tejer.  Hace un rato he borrado el texto en cuestión por pura vergüenza.

«No puedo escribir», escribí (porque, para más inri, lo escribí).  ¿Cómo pude atreverme a redactar algo semejante, qué ataque de victimismo y autocompasión barata me hizo bajar la guardia? Porque no hay nada más cierto en este mundo que llegará el día en el que no pueda escribir -ni leer ni follar ni comer ni beber-, pero ese día no ha llegado aún.

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