miércoles, 12 de marzo de 2014

Como el de un pájaro

A las siete y cuarto de la mañana levanté la persiana de mi dormitorio y vi en la acera de enfrente a una joven que paseaba junto a un gran perro negro.

Cerca del mediodía atendí a una mujer desesperada porque no encuentra trabajo y con el salario de ochocientos euros de su marido no puede atender una hipoteca de seiscientos y las necesidades de una hija de diecisiete años y otra de nueve.

Hace un momento llamaron a la puerta mis vecinos para avisarme de que habían robado en una de las viviendas del edificio.  «Dé dos vueltas a la llave porque ya ve, al chino de enfrente le entraron en casa ayer a las once de la mañana».  Les agradecí el aviso y cerré bien la puerta.

Ahora ha oscurecido y los habitantes de la ciudad regresan poco a poco a sus madrigueras. Yo no salí de la mía en toda la tarde.  Mi corazón late rápido como el de un pájaro aunque soy grande como un gorila.

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