lunes, 23 de junio de 2014

Secretos

Desde hace unas semanas vivimos solos mi hijo y yo. Nos entendemos más o menos bien. Yo todavía no he olvidado cómo era a su edad y sé que lo que entonces quería era, básicamente, que me dejaran en paz. No existe otro secreto.

Este fin de semana han venido ellas: su madre y su hermana; mi mujer y mi hija. No es por nada pero cuando las mujeres que queremos aparecen en nuestro hábitat masculino todo cambia, y no sutilmente. De pronto hace aparición el sentido común, por ejemplo. De pronto debemos estar atentos a sus expectativas en cuanto a la expresión espontánea de nuestros sentimientos, por ejemplo, y todas nuestras reacciones básicas, sobre todo las más instintivas, son susceptibles de ocasionar un conflicto que, por supuesto, seremos incapaces de comprender aunque simulemos hacerlo.

Os queremos. Creedme, os queremos con toda nuestra oportunista y muscular sensibilidad; os queremos con toda sinceridad mientras nos sumergimos temerosamente en vuestros preciosos ojos preguntándonos cómo es posible amar así a alguien tan distinto a nosotros.

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