lunes, 9 de junio de 2014

Un pálido círculo invisible

El ventilador se mueve pacíficamente de izquierda a derecha y de derecha a izquierda en la esquina del salón, sus tres álabes convertidos en un pálido círculo invisible.

El calor ha regresado a mi mundo con la misma cruel indiferencia que el año pasado, ajeno a cualquier atisbo de civilización o respeto a mi condición de animal de sangre caliente.

En la tapia de una de las esquinas de mi calle se marchitan las flores amarillas y blancas de un gran arbusto de madreselva. En el cielo vuelan vencejos de verdad, no los aviones comunes que anidaban en mi casa de Binéfar y confundí durante años con aquellos.

Por la tarde recorté con una máquina mi barba de náufrago.  Llevaba cuatro semanas sin hacerlo.  Desde el otro lado me observaban dos ojos pequeños y fríos.

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