domingo, 7 de abril de 2013

Todo el misterio

La casa de mi tía Milagros estaba junto a la Bajadilla de Campos, un camino donde el pueblo terminaba dando paso a la naturaleza. En ese camino mi hermano Javier se rompió la muñeca bajando en bicicleta hacia atrás. En ese camino, a la izquierda, había una pequeña era en la que reinaba un nogal antiguo y nobiliario; más abajo comenzaban los campos de espárragos, los melonares, las viñas, las áridas y pequeñas colinas vírgenes, los zarzales de moras, los sotos umbrosos allí donde corría el agua de arroyos y acequias. Aquel era nuestro territorio, el territorio de Jesusmari, Javier y nuestro primo Tomasín.  Juntos, verano tras verano, exploramos todas las edades del hombre, desde el Paleolítico hasta la Edad del Hierro pasando por el Neolítico sin saltarnos el descubrimiento del fuego, la construcción de cabañas y la recolección de frutos. Mi primo Tomasín era una mezcla de Mowgli y Tarzán, un verdadero hijo del bosque que nos guiaba a través de senderos secretos y sobre las copas de los árboles.

Esta pasada madrugada se ha muerto mi tía Milagros. Sucedió de improviso, mientras dormía junto a su marido, mi tío Tomás.  Cuando mi hermano Javier me lo ha comunicado por teléfono todos los recuerdos han despertado en mi memoria: la Bajadilla de Campos, que ahora es una calle asfaltada que da acceso a un barrio residencial de chalés y casas adosadas; la puerta del corral de nuestro primo Tomasín, siempre abierta para ir a buscarle; mi tía alegre, afectuosa, única e irrepetible en el mundo.

Todos somos olas de paso. Acariciamos la orilla y nos retiramos permitiendo que quienes llegan detrás puedan hacer lo mismo.  Ese es todo el misterio.

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