jueves, 11 de abril de 2013

Una bondad verdadera

Un hombre de Barbastro, un trabajador normal y corriente llamado Julio, ha cobijado en su casa durante muchos meses a un amigo enfermo de cáncer, un antiguo compañero de trabajo que había agotado el paro, soltero y sin familia en España. Cómo dejarlo en la calle, le contó a su vecina, cómo negar la hospitalidad a alguien que lo había perdido todo. Él y su mujer le dieron a Abdeslam cama, comida, compañía, le llevaron a quimioterapia, le cuidaron, se ocuparon de él sin esperar ni recibir nada a cambio. Y no lo pregonaron, en absoluto, yo me enteré de casualidad porque aquella vecina es precisamente una de mis compañeras de trabajo.

En este tiempo de derrumbe y expolio, en esta época de desmantelamiento y destrucción de lo mejor que la política llegó a construir tras la segunda guerra mundial; en este periodo de cinismo, desprecio y violencia de las élites políticas y económicas hacia los ciudadanos normales y corrientes, historias como la de Julio y Palmira y Abdeslam me reconcilian con mi especie y mantienen a raya las negras sombras que a veces asoman al final de mi esperanza.

9 comentarios: