lunes, 3 de febrero de 2014

Colono

A las cinco y veinte de la tarde he despedido a mi hija en la estación de autobuses y he vuelto a casa. Al entrar en el apartamento vacío me he sentido durante un momento, no sé por qué, como un colono enviado a un planeta desierto. Después de recoger la cocina me he asomado al ojo de buey y he contemplado largamente la silenciosa llanura de polvo rojo.

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