jueves, 13 de febrero de 2014

Nada más descomunal

En los respaldos de las sillas hay calcetines y calzoncillos puestos a secar porque no he querido poner en marcha la secadora para tan poca cosa. Sobre la mesa, además del portátil en el que escribo, un aparato para medir la tensión arterial, mis gafas, una botella de Cutty Sark, un vaso de whisky con hielo y dos libros: El día de la independencia de Richard Ford, que estoy releyendo con inmenso placer, y una guía de árboles de la editorial Grijalbo. En el interior del libro de Ford guardé en su día las páginas plegadas de un suplemento literario del 4 de septiembre de 1999 donde se entrevistaba al escritor. El reportaje se titulaba «El realismo de Richard Ford». Admiro profundamente el realismo: él lo contiene todo, incluso su contrario; no hay nada más difícil, nada más descomunal.

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