lunes, 10 de febrero de 2014

La alcachofa de la ducha

Pasan los días sin aspectos reseñables. Hoy comí restos del menú de ayer. Hablé por teléfono con mi padre. Durante el paseo nocturno compré un nuevo soporte para la alcachofa de la ducha. Hacía mucho frío y era agradable sentirlo en el rostro, el cuello del abrigo subido hasta arriba del todo, las manos en los bolsillos. Diez de febrero ya. El invierno, desgraciadamente, no durará siempre.

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