sábado, 18 de enero de 2014

Una diminuta luciérnaga

Al salir del Chanti nos despedimos y tomé la carretera nocturna. En treinta kilómetros no me crucé con un alma, lo que me permitió utilizar las luces largas durante todo el trayecto sin molestar a nadie. Por un un momento imaginé mi coche visto desde miles de metros de altura: una diminuta luciérnaga atravesando la superficie oscura del planeta dibujando curvas y rectas aparentemente aleatorias. Vivo en un mundo extraño y es el mío.

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