martes, 7 de enero de 2014

Cerebro corrugado

Los martes abrimos al público hasta las siete de la tarde. Cuando salgo de la agencia comarcal ya es de noche. Compro tomates de colgar en una frutería y vengo a este apartamento que todavía siento tan nuevo y tan insólito. Junto al portal hay una empresa de paquetería y diseño gráfico donde trabajan una chica y un chico. Cada día los veo varias veces a través del escaparate, cada día ellos me ven a mí, nos miramos y nada más. Siento que se acerca el momento en el que les saludaré desde el otro lado del cristal, ¿qué otra cosa puede hacer un ser humano cuando se cruza con alguien a diario? Me lo pide el cuerpo y me lo impide mi pequeño cerebro corrugado, ese pequeño monstruo de zumbido permanente contra el que luchan los rítmicos latidos de mi corazón.

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